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“¿Cómo es posible que en una época de la Inteligencia Artificial no podamos desaparecer los oficios y hacer un nuevo sistema y un nuevo proceso?
“Pues eso vamos a hacer en el sistema de salud del IMSS Bienestar, del IMSS y del ISSSTE, a modernizarlos completamente.
“…Y ¿quién tiene que participar en esa modernización?
“Los pacientes, porque saben qué pasa cuando llegan a un centro de salud, a un hospital; los médicos, porque si lo desarrollamos por acá con algunos muy inteligentes pues de todas maneras no se va a resolver el problema porque no conocen lo que está pasando; entonces YA FORMÉ UN EQUIPO DE TRABAJO para modernizar completamente el sistema de salud y así voy a seguir, porque aquí me conocen mi equipo, voy, voy, no dejo hasta que no se resuelva un problema”.
(¿Hasta que no se resuelva o hasta que sí resuelva?)
Las palabras iniciales pudieron ser parte de un programa de trabajo durante el periodo de transición del Poder Ejecutivo hace más de dos años. También habría sido correcto anunciar tan perseverante empeño en los primeros días, cuando ya se conocía de sobra la naturaleza del problema. Pero de todos modos es positivo conocer (y reconocer) el compromiso presidencial.
Como usted ya se habrá dado cuenta las líneas superiores de este texto son de la señora presidenta con (A); a quien al parecer ya se le colmó el plato de la paciencia. Al menos eso parece.
Todos recordamos el camino de este hartazgo Ejecutivo.
El miércoles pasado se conminó a Zoé Robledo (cuyas horas en la DG-IMSS están contadas con los dedos de pocas manos) a ofrecer (para el viernes) un plan definitivo, presionado principalmente por la rebelión sindical. Después se anunció una mesa de trabajo para revisar, principalmente, el aumento salarial. Pero el sábado vino la otra andanada. Ni plan ni mesa: enojo en Yucatán, durante una gira..
–“¿Qué podía hacer yo como Presidenta?
¡Decir: ‘bueno!, pues me sigo reuniendo todos los lunes (con el gabinete de salud en Palacio Nacional) y a ver cómo se resuelve, o mejor me voy directo a territorio’. Entonces estoy haciendo una gira para hablar.”
Todo eso se agradece., aunque más gratitud provocaría si en vez de hacer una gira “para hablar” se hiciera para resolver, pero al menos ya se reconocen públicamente dos cosas: las sesiones palaciegas de los lunes han servido para untárselas al Camembert y sus colaboradores (hasta corruptos) la engañan, le disfrazan las cosas y a fin de cuentas la dejan en mal sitio frente a los ciudadanos. Todos eso se piensa, aunque no se diga.
Dijo también la señora presidenta: “vamos mejorando”.
–“Este hospital es una muestra de que vamos mejorando y vamos por el camino correcto. La manera de gobernar es distinta, ayer lo dije: caminando, escuchando y transformando, resolviéndole para el bien de la gente… vamos mucho mejor de lo que estaba antes”, dijo CSP en Yucatán al inaugurar un edificio.
¿Antes de ella?, se podría preguntar.
¿Antes de Andrés López, antes de Morones Prieto, Benito Cocquet, Ortiz Mena, Farfell, Borrego, Gamboa, Levy? ¿Antes de quién?
Los discursos del sábado chocan uno contra otro incluida la desvaloración de Don Zoé Robledo. O estamos mejorando o lamentamos no poder hacer bien las cosas. Una de dos, sobre todo porque mucho de la actual cosecha fue sembrado irresposablemente durante el sexenio inmediatamente anterior.
El primer director del IMSS durante los albores de la dorada época de la 4-T, fue Germán Martínez quien hace apenas unos días escribió esto. Se podría complementar con el diagnóstico impulsor de su renuncia y los estorbos burocráticos externos, pero ya no tiene caso. Mejor lo de ahora:
“…(los males del IMSS) Están sobrediagnosticados: el envejecimiento poblacional, el aumento en la esperanza de vida, el sedentarismo, la falta de atención a la medicina preventiva, la voracidad de las farmacéuticas, la falta de investigación nacional, la obsolescencia del equipamiento médico, el raquitismo de sus cuotas obrero-patronales, lo vetusto de los hospitales, la fuga del personal a la medicina privada y un largo etcétera…”
Quizá en el largo etcétera GM debió haber incluido una palabra: corrupción.
Él no lo hizo, pero la señora presidenta (con A), sí:
“Umán, Yuc. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo señaló que las deficiencias que aún enfrenta el sistema público de salud se derivan de la continuidad de procesos de hace medio siglo que no se han modernizado, de la burocracia y hasta de posible corrupción (La jornada. 17.10.26)”.
Pero la conducta política siempre navega por otras aguas.
Cuando en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS en Durango murieron niños infectados en un hospital del IMSS, Robledo, tras condolerse públicamente con las cinco familias que “perdieron a sus bebés”, escribió en un periódico (a veces los altos burócratas se sienten comentócratas y asaltan las redacciones) :
“…El IMSS atiende a millones de personas cada día, y la gran mayoría de su personal lo hace con vocación y entrega. Precisamente por eso no podemos normalizar que alguien salga de nuestras unidades atendido en lo médico pero desatendido en lo humano. El trato digno no es un eslogan ni se consigue con comunicados. Es una obligación y el único camino para recuperar la confianza”.
¡Qué bonito!, pero qué vacío sobre todo cuando a la cira de niños muertos, se quiso oponer la cantidad de nacimientos:
“…Tan sólo esta semana, del 2 al 9 de octubre, en el IMSS nacieron 5 mil 745 bebés, se realizaron 30 mil 583 cirugías, se otorgaron 662 mil consultas de especialidad y 2 millones de Medicina Familiar…”
La numeralia como escudo no incorpora a los difuntos.
Ni los relojes ni los calendarios marcan hacia atrás. Nunca.
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