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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR
Las principales rutas de investigaciones por corrupción en curso conducen al expresidente Peña Nieto, quien se ha convertido en símbolo de los males que hay que erradicar y condenar al pasado. La sucesión de escándalos, uno tras otro, parece cerrar el círculo en torno al exmandatario, al mismo tiempo que estrecha el margen de maniobra del gobierno de López Obrador para mantener a su antecesor lejos de los tribunales como ha sido regla no escrita con los expresidentes, a pesar del cúmulo de casos que los salpiquen.
En efecto, Peña Nieto podría ser el primer exmandatario en comparecer a un citatorio judicial dentro de procesos abiertos a algunos de sus principales colaboradores y denuncias que alcanzan hasta integrantes de su oficina de la Presidencia, como el consejero jurídico Humberto Castillejos, según señalamientos de la UIF. La saga de casos en que los acusados denuncian el conocimiento (omisión, nunca se investigó) del expresidente de presuntas irregularidades y desviaciones de recursos públicos se acumulan en el escritorio del FGR, Gertz Manero. Para el Ejecutivo suponen un grave peso sobre la sospecha de un pacto “no escrito” de impunidad con el gobernante anterior en la alternancia que lo llevó al poder en 2018.
Hasta ahora, las autoridades hacendarias y la UIF han rechazado que Peña Nieto sea investigado en indagatorias como la Estafa Maestra, que tiene en prisión a la exsecretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, e implica a una amplia red de corrupción con ramificaciones en 11 dependencias federales, 8 universidades y más de 50 empresas (fantasma). Robles, como antes hiciera Emilio Lozoya por las acusaciones del caso Nitrogenados, ha declarado que su jefe estaba al corriente de las operaciones por las que ahora se lespersigue penalmente.
A ello se suman nuevas denuncias ante la FGR contra exfuncionarios de Hacienda y el consejero Jurídico, por desbloquear cuentas bajo indagatoria de lavado de dinero e, incluso vinculadas a supuestos integrantes del Cártel de Sinaloa. Y hasta el abandono del plan de reconstrucción por los sismos de 2017, al que nunca llegó el total de 13,000 millones de pesos autorizados para la reconstrucción de 165,000 viviendas en siete estados.
La lista es larga y abarca acusaciones y procesos contra media docena de gobernadores durante su administración, como Javier Duarte, que también apunta a Peña Nieto, y el exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, en denuncias posiblemente a cambio de reducir su condena. Ante ello, el mandatario ha reducido el perfil y visibilidad en revistas de sociales en fiestas, por ejemplo, de otro acusado por defraudación y lavado de dinero, el llamado abogado del poder, Juan Collado, o en coberturas de prensa de su noviazgo con una modelo. En fin, las carpetas de investigación en el entorno de Peña Nieto preocupan e incomodan al mundo de la política de gobiernos anteriores, mientras al actual le permiten enviar el mensaje de que no habrá “intocables”, aunque estos casos aún no alcanzan sentencia.
Pero las denuncias de gobiernos pasados como ejemplo de las fallas de políticas nocivas, corrupción y simulaciones de la democracia serán cada vez más difícil de administrar si la limpia no va a fondo o hay un pacto de impunidad. La seducción del combate a la corrupción, según los sondeos, ha permitido a López Obrador condenar a sus antecesores y mantener altos niveles de popularidad a pesar del desgaste del ejercicio del poder o de déficits, como la inseguridad o el estancamiento económico. Esa política, sin embargo, tiene su límite en la real eficacia de la justicia. Si a Peña Nieto se le acortan las rutas de escape, a López Obrador también le será cada vez más difícil evitar juzgar a su antecesor y con ello dinamitar la patente de corso que han tenido para rendir cuentas. Sabe que acabar con esa tradición con Peña Nieto lo colocará a él y a su equipo en la misma desprotección en el futuro y, quizá, por eso trata de sacar la vuelta al tema, como pasó recientemente en Tabasco, diciendo que las cárceles no alcanzarían para los corruptos del pasado.