Aquí y al norte hay optimismo.
En días, si no en horas, podrían culminar las negociaciones para la continuidad de un acuerdo comercial bilateral.
Previsiblemente el sucedáneo del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), como se le conoce hoy.
Poco se ha dicho, pero es vuelta al origen, cuando en 1990 George Bush y Carlos Salinas lo vieron como una alianza posible y la cristalizaron trilateral con Brian Mulroney dos años después como TLC.
Hoy es un acuerdo de voluntades donde falta Ottawa porque el primer ministro Mark Carney ha seguido una ruta distinta a la mexicana.
Por ahora en ninguno de los negociadores consultados por este reportero hay certidumbre de cuál será el resultado de esa posición ante la administración de Donald Trump.
En ambas partes se reconoce la paciente y conciliatoria actitud del gobierno de Claudia Sheinbaum escudado por el equipo encabezado por Marcelo Ebrard.
Y qué mejor si el fruto final es un entendimiento de largo plazo –o mediano, pero no sujeto a revisiones anuales– y favorable como lo han prometido la presidenta y el secretario de Economía.
Más vale porque, como dijo ante empresarios de ambos países durante el pasado evento de la American Society of Mexico uno de los autores del T-MEC, Ildefonso Guajardo, “es preferible un no acuerdo a un mal acuerdo”.
¿Y CANADÁ?
Pero en todo trato algo se cede.
Y lo más solicitado por la parte estadunidense es la certidumbre jurídica para generar confianza y multiplicar inversiones nacionales y extranjeras.
Hay voluntad para ello, aunque no se sabe si se asentarán compromisos de modificar leyes para darles larga vigencia a todos sus términos.
En ese sentido han ido las declaraciones de los dos presidentes, Claudia Sheinbaum y Donald Trump, porque los dos ven inminente la conclusión de las negociaciones.
Para terminarlas será necesario resolver, amén de las garantías jurídicas y de confianza, aspectos en materia energética y de tecnología.
En lo primero, los hidrocarburos, la propia presidenta ha abordado con su contraparte lo relativo a la inversión y explotación con sólidas invocaciones a las leyes actuales.
Pero habrá mayor apertura para el sector privado.
Cuando esto quede garantizado y concluya, podrá suscribirse el documento con el riesgo de excluir por ahora a Canadá, cuyo primer ministro Mark Carney muestra más esperanzas en el mercado europeo sobre el estadunidense.
Ese será asunto de ellos.
TAZA DE CAFÉ
A la par siguen las promociones en tierras canadienses.
El embajador Carlos Joaquín invitó a un grupo de cafeticultores de Chiapas y Veracruz a promover su producto en aquel país.
En la organización del encuentro participó la Coffee Association of Canada y hubo acercamiento para incrementar las exportaciones mexicanas.
Eventos similares se organizan con otros productores para incentivar el intercambio comercial, informó Carlos Joaquín.
@urenajose1
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