Si alguien en la 4T tiene tablas políticas, ese es Marcelo Ebrard Casaubón.Es uno de los pocos políticos con experiencia de gobierno y negociación internacional en las dos administraciones federales de la llamada Cuarta Transformación (4T). Un operador de largo recorrido que sabe cuándo ceder y cuándo volver a la carga.
En el año 2011, el capital político que acumuló como jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal lo convirtió en una carta viable para disputar la candidatura presidencial del PRD. Su contrincante era Andrés Manuel López Obrador.
La candidatura se decidió mediante encuestas –como le gusta a AMLO- y, en noviembre de aquel año, Ebrard reconoció y acató el resultado que favoreció a López Obrador para evitar una izquierda dividida.
AMLO sería el candidato presidencial del Sol Azteca en 2012. Años después, ya como presidente, refirió que Ebrard “se puso cera en los oídos” para no escuchar a quienes querían enfrentarlos.
Discípulo político del exregente Manuel Camacho Solís, Ebrard se alejó del PRD después de dejar la Jefatura de Gobierno en 2012. Incluso vivió un tiempo en el extranjero.
Con el triunfo de López Obrador en 2018, regresó a la primera línea política. Fue nombrado secretario de Relaciones Exteriores y pasó de político en declive a una de las figuras más visibles del gabinete. En 2023 se convirtió en una de las “corcholatas” de Morena rumbo a la presidencia de la República.
Pero, otra vez, no llegó a la meta. Había otros planes. La candidatura fue para Claudia Sheinbaum. Ebrard cuestionó el proceso interno, denunció irregularidades y exigió anular y reponer la encuesta.
Su equipo reportó 62 irregularidades, entre ellas, intervención de funcionarios de la Secretaría del Bienestar. Habló de “inequidad tremenda” y amenazó con abandonar Morena para impulsar un “Movimiento Progresista”.
Al llegar Sheinbaum a la presidencia, Marcelo se alineó y terminó incorporándose al nuevo gobierno como secretario de Economía.
En 2011 perdió frente a AMLO y dijo, en los hechos, “acepto y acato”. En 2023 impugnó el proceso y desconoció sus resultados. Después, sin embargo, volvió a ocupar un lugar en el gobierno de la 4T.
“El Carnal Marcelo” regresa, una vez más, a la conversación mediática y digital sobre los posibles aspirantes a la Presidencia en 2030.
El detonante fue Manuel Velasco, coordinador del PVEM en el Senado, quien calificó al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, como el “Pedro Infante de la política” por su popularidad, y lo proyectó como un perfil rumbo a la sucesión presidencial.
El viernes 16 de octubre, al salir de su comparecencia en la Cámara de Diputados, reporteros le preguntaron a Ebrard si estaba interesado en la sucesión presidencial.
Su respuesta fue tajante:
“En este momento estoy concentrado en lo que estoy haciendo. Por favor, si quieres, quítame de la lista. Me harías un favor… quítame, bórrame. Yo estoy en mi trabajo”.
Varios medios interpretaron sus palabras como un descarte para 2030. Pero hay una expresión que merece atención: “En este momento”.
Como secretario de Economía encabeza las negociaciones de México con Estados Unidos y Canadá para la revisión del T-MEC. Colocarse desde ahora en la pista presidencial podría restarle margen de maniobra en una negociación comercial de enorme importancia.
No necesita presentarse como candidato cuando su responsabilidad actual exige que actúe como negociador.
Además, la sucesión está lejos. Adelantarla no solo puede desgastar a la figura presidencial: también puede azuzar las disputas entre los grupos o tribus de Morena, una batalla que, por ahora, nadie en el gobierno parece interesado en abrir formalmente.
La propia presidenta Sheinbaum había calificado de “mucha grilla” el destape de Harfuch por parte de Velasco. Recordó que 2030 está muy lejos y afirmó que el secretario de Seguridad está dedicado de tiempo completo a su trabajo.
En ese contexto, Ebrard no necesita confrontarse con el destape verde ni entrar en una disputa anticipada. Puede limitarse a hacer su trabajo y dejar que el tablero se mueva.
Quienes conocen su trayectoria saben que ha cedido en momentos decisivos sin abandonar la política. Falta ver si esta vez también espera el momento oportuno para “aventar lámina”.
Por eso, una pregunta: ¿tú le crees a Marcelo cuando pide que lo borren de la lista?
Los trompos y las pirinolas seguirán girando…y el 2030 todavía queda lejos.
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