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NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

El Mundial dejó hace tiempo de ser sólo un torneo de futbol. También es un escaparate global donde los gobiernos buscan proyectar estabilidad, desarrollo y éxito. Y, de igual forma, es un escenario de la protesta para visibilizar agravios pendientes y deudas acumuladas que marcan la temperatura de la conflictividad social de un país. Mientras México prepara su mejor rostro para mostrarse al planeta, la protesta social asedia al gobierno. La movilización indicaría el ascenso del calor de las inconformidades, pero también que la conflictividad se hace visible y audible ante la audiencia.  

Las protestas en el marco del Mundial no son nuevas. La CNTE hace un año amenazaba con boicotear la elección judicial con las mismas demandas con que hoy presiona a la Presidenta; las madres buscadoras de desaparecidos o familiares de Ayotzinapa nunca han dejado de marchar para exigir respuestas, pero poco vistas y atendidas, como las de otros colectivos. Otra diferencia ahora es la suma de otros conflictos esparcidos en el territorio nacional entre organizaciones campesinas, transportistas, por el agua, vivienda o demandas medioambientalistas contra plantas tóxicas y la inseguridad, entre muchas. Aunque la que más preocupa al gobierno es la CNTE por la fuerza social de los maestros y, sobre todo, la imposibilidad material de responder a sus exigencias sobre el régimen de pensiones.

El viejo sindicato amigo del obradorismo amenaza con disputar protagonismo en la ceremonia inaugural con la presencia en el Fan Fest del Zócalo y otras plazas que albergaran la fiesta del futbol en la CDMX. Su apoyo a la 4T para ganar en 2018 y la promesa electoral de Claudia Sheinbaum de derogar la ley de pensiones de 1997 generaron compromisos y expectativas que hoy no puede cumplir sin precipitar la economía a una crisis, y en momentos de incertidumbre por el T-MEC y bajo crecimiento e inversión. La táctica cortoplacista de patear el balón para postergar problemas otra vez resulta una mala jugada. La bomba de tiempo de las pensiones ocupa más de 20% del presupuesto federal, pero ya desde entonces se sabía que en el Estado no habría dinero que alcance para acceder a la exigencia de regresar al sistema solidario anterior a 2007. El tema se complica por el bajo nivel de ahorro de los fondos de pensiones privados y la pérdida de poder adquisitivo para garantizar un retiro digno. En un intercambio de papeles, el gobierno acusa el radicalismo de la CNTE de extorsión como método de negociación, igual que antes sus antecesores; e incluso coludirse con la ultraderecha para provocar la represión y crear una imagen de conflictividad y caos. Detrás esa reacción está también el temor de que se generalice esta ruta entre el magisterio oficial y otros sindicatos.

Pero no son los únicos que buscan reflectores internacionales para visibilizar el conflicto. La movilización por los desaparecidos también ensombrece la imagen del país y exhibe una deuda imposible de ocultar. Puede argüirse la dificultad entendible del gobierno de responder a una sobredemanda de exigencias sociales, pero no esperar que los problemas desaparezcan. Estos colectivos reclaman una inversión millonaria en el Mundial que podría haberse usado en la crisis de violencia y derechos humanos en el país; una postura que recuerda la que detonó la protesta en el Mundial de Brasil y que evolucionaría en la caída de la expresidenta Dilma Rousseff.

En México, no se observa ninguna insubordinación política o de caos social que prediga un escenario similar. Las protestas lo que constatan no es que hagan juego al imperialismo estadunidense o a la reacción, sino la existencia de conflictos sin respuesta que ninguna ceremonia, por espectacular que sea, puede ocultar. Y, por supuesto, enseñar los riesgos de que el maximalismo de la CNTE se replique en otros grupos para que sus reivindicaciones se escuchen.

México llegará a su tercer Mundial en casa con contrastes inevitables. Por un lado, el país que quiere mostrar su mejor cara en el centro de la escena mundial de justas deportivas y que se traduzca en beneficios económicos e inversión; que le urgen para responder a las demandas sociales. Y, por otro, quienes aprovechan la oportunidad de hacer visible todo aquello que permanece sin resolver en una sociedad cruzada por violencia e inseguridad. La cuestión es cuál de los dos países terminará captando la mirada del mundo de un Mundial entre la esperanza y la protesta.