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Ahora sí que se está derramando el vaso en materia de seguridad con el triple homicidio a mansalva perpetrado por el delincuente con alias de “El Chueco”, quien a sangre fría ejecuta a dos sacerdotes jesuitas de la Tarahumara y a un guía de turistas.

El famoso Padre Javier Ávila Aguirre, por todos conocido por su apodo “El Pato”, dramáticamente reclama al gobierno ante el asesinato de sus amigos de la Compañía de Jesús, diciendo: “abrazos ya no alcanzan para cubrir los balazos”.

En efecto, el crimen organizado ya comparte con el gobierno la soberanía nacional en múltiples partes del territorio nacional, que con los famosos “derechos de piso”, que se ha hasta constituido en un fisco adicional que compite con el SAT del gobierno, pero no a través de amenazas de embargos y ejecuciones civiles para perder la propiedad, sino de ejecuciones de fuego para perder la vida.

Mientras el gobierno tenga una política de centralizar las fuerzas policiales, sean a través de la Guardia Nacional o del propio Ejército y Marina, no se va a resolver el problema. Mucho menos si el gobierno persiste en la política del “dejar de hacer y dejar pasar”, más claramente expresada en la odiosa frase presidencial de “abrazos, no balazos”.

Me atrevo a sugerir una nueva política de seguridad pública basada en los principios de subsidiariedad, solidaridad y en la importancia que se le debe de dar a los gobiernos locales y municipales.

  1. Los problemas de inseguridad, como muchos de los problemas en materia política, se resuelven de abajo hacía arriba, y no como se ha pretendido hacerlo por múltiples gobiernos, de arriba hacia abajo.
  2. Los problemas de inseguridad acontecen en el ámbito local, los delitos se dan en los Municipios, por lo que se debe de cambiar radicalmente la política de combate a la delincuencia, dándole una dimensión local, sin que se excluya, claro está, el apoyo que deba venir de los gobiernos locales (entiéndase como los de los estados y el de la Ciudad de México), así como del gobierno federal.
  3. Si la principal función del Estado es el darnos seguridad y justicia. Debemos redireccionar los presupuestos hacía esos dos temas, principalmente. Es decir, debemos de dotar a los sistemas preventivos de la seguridad, así como a la de la persecución de los delitos y la ejecución de las penas que se hayan basado en resoluciones judiciales justas, por lo que hay que hacerlo una prioridad del Estado fortaleciendo los presupuestos de seguridad, a los municipios, a las fiscalías y al poder judicial, así como a los sistemas penitenciarios, que administran los tres niveles de gobierno.
  4. Debemos con lo anterior, profesionalizar al máximo a nuestros sistemas preventivos del delito, persecutorios y de justicia, así como el de la administración de reclusorios y control de penas.
  5. Los ciudadanos en sus colonias saben quiénes matan, extorsionan, trafican y establecen negocios ilegales, por lo que es necesario crear un bien estructurado sistema de inteligencia que trabaje de forma segura con los ciudadanos que conocen los detalles de la operación del crimen organizado, protegiendo su integridad de la mejor forma posible.
  6. Se debe sustituir el mando federal centralizado que actualmente existe, con el de la policía de proximidad; el muy querido policía de barrio, con una contratación conjunta de los vecinos de cada colonia con la autoridad municipal correspondiente, cuidando en todos los mandos municipales los perfiles de sus elementos con sistemas que prueben su confiabilidad que sean debidamente auditados por los ciudadanos.
  7. Efectuar concursos para la selección de los jueces, desde el nivel de barandilla hasta los ministros de la Suprema Corte.
  8. Que el nivel central del gobierno federal se enfoque en realizar las pruebas de confiabilidad en las policías federales (Guardia Nacional y otras), y en los niveles locales y municipales.
  9. Que el gobierno federal desarrolle los mejores programas de inteligencia y revisión de flujos financieros del crimen organizado.
  10. Realizar campañas conjuntas, a nivel federal, estatal y municipal para desarticular las bandas del crimen organizado que pululan por todo el país.

Solamente con una estrategia que vaya de abajo hacia arriba se puede combatir este cáncer que está acabando con nuestra nación.

¡Hagámoslo ya!