COMPARTIR

 110 total views,  2 views today

NÚMERO CERO/ EXCELSIOR

La ruptura “temporal” de Va por México deja ver que la coalición opositora está ensamblada con piezas de marcas falsificadas. La alianza del PAN, PRI y PRD no es sólida porque sus partes no son auténticas y sus mandos apócrifos. Su liga no embona más allá de estrategias electorales, que desde su aparición quisieron justificar con una vaga defensa de la democracia amenazada por el gobierno de López Obrador y que, evidentemente, no es suficiente para mantenerse unidos.

Algún análisis “conspiranóico” podría haber llegado a atribuir la estrategia opositora al propio López Obrador, que, junto con Morena, son los beneficiarios de su descarrilamiento. Primero, por convalidar el discurso lopezobradorista sobre la conjura del conservadurismo a través del PRI-AN contra su proyecto de transformación. Y ahora, por despejar el camino de Morena hacia la elección presidencial de 2024, sin partidos y candidatos que ofrezcan un real desafío para conservar el poder. El favor que hacen a la 4T podría darle cierta verosimilitud si no fuera porque la realidad es menos sofisticada y, sobre todo, por estar en juego la misma sobrevivencia del PRI.

Fue ahí donde se rompió la liga, por la parte más delgada. El respaldo de Alito Moreno a la iniciativa de una diputada priista para aplazar el regreso de los militares a los cuarteles hasta 2028 en nado sincronizado con la postura del gobierno, acabó por detonar el cisma opositor. Pero es sólo el último descalabro de una dirigencia disfrazada de oposición que acelera la desaparición de su partido con un récord de 11 estados perdidos en 3 años, a pesar de lo cual nadie pude removerla; y que negocia impunidad de un largo historial de corruptelas mientras las estructuras y bases de su partido migran a Morena. La fragilidad de Va por México siempre llevó a flor de piel la pregunta sobre si Morena podría romperla, como tantas veces denunciaron sus líderes. López Obrador los golpeó con rudeza cuando lograron acotar su mayoría en el Congreso y hacer retroceder a Morena en CDMX en la elección de 2021. Hoy tiene contra las cuerdas a Alito en un proceso de desafuero acusado de corrupción y otros delitos graves. Las presiones son fuertes, pero no puede atribuirse sólo a ellas la implosión de un membrete electoral sin identidad y que sólo comparte una especie de añoranza por el país del Pacto por México que manejaron hasta 2018. La 4T no sembró esas marcas falsas en el rostro aliancista, aunque se beneficie de su pragmatismo chato. Los aliancistas, en los últimos tiempos, intentaron subsanar sus inconsistencias con nuevos planes, como avanzar hacia el semiparlamentarismo y gobiernos de coalición para enfrentar el hiperpresidencialismo de López Obrador y el temor a la vuelta del partido hegemónico. Pero fabricar o producir falsamente identificadores con la intención fraudulenta de parecer otra cosa solamente sirve para poner de relieve la fatiga de discursos envejecidos y desconectados desde 2018 que los separan de la ciudadanía.

Una amalgama de partidos derrotados en 2018 no puede presentarse como salvadora de la democracia con liderazgos periclitados que, antes que nada, lo que quieren es ponerse a salvo a sí mismos. Que están dispuestos a cerrar filas con socios envueltos en escándalos de corrupción como Alito para poder ser competitivos electoralmente, aunque eso signifique dar la espalda al electorado. Que están dispuestos a pactar impunidad, hasta que descubren que los engañan. Que mantienen complicidad con las denuncias por corrupción de cárteles inmobiliarios vinculados a dirigentes del PAN, sin darse cuenta de que los líderes apócrifos y las piezas falsas tronaron su maquinaria en 2018. La suspensión del bloque se anunció como temporal hasta ver si el PRI se retracta de su propuesta sobre el tema de los militares, pero cada vez más voces a su interior se pronuncian por la ruptura definitiva, como el gobernador panista Mauricio Kuri. Puede ser una oportunidad para cambiar las piezas falsas y las marcas de la corrupción y de los antiguos privilegios de sus cúpulas dirigentes. Están ante decisiones cruciales, porque separados son poco competitivos frente a Morena en 2024, pero juntos no han logrado ofrecer un proyecto que se distinga de la pretensión de restaurar el poder y las conojías que perdieron en las urnas en un país que ya no es el mismo que hace cuatro años.