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Faltan cuatro meses y medio para las elecciones del 7 de junio, primeras intermedias de la historia reciente en las que estarán en juego casi dos mil 200 puestos de elección popular, locales y federales en todo el país, y la agitación política comienza a encenderse desde distintas trincheras.

Para la oposición, Alfredo Castillo Cervantes, hasta hace unos días Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, políticamente ya estaba muerto.

Apenas iniciaban las precampañas por la gubernatura michoacana y la presencia incomoda del comisionado federal en esa entidad ya comenzaba a apestar, a pesar de que parecía un mal necesario hace 12 meses.

De cara al relevo en el gobierno estatal, los llamados tres tristes tigres: los candidatos del PAN, Luisa María “Cocoa” Calderón: del PRI, José Ascención Orihuela; y del PRD, Silvano Aureoles, sabían que en Michoacán, mucho ayuda quien no estorba.

Para muchos, era de esperarse. Ante el inicio del proceso electoral, la salida de Alfredo Castillo ya era inminente.

La presión de los partidos políticos, junto con los tres candidatos a la gubernatura, ya se habían manifestado en contra de que continuara la figura del enviado presidencial operando a la par del gobierno local.

Pero, las cosas no han sido fáciles en Michoacán. El problema es que la inseguridad en el estado está lejos de resolverse, por lo que seguirá la presencia federal, aunque ahora sí el gobernador Salvador Jara tendrá que meter las manos en el asunto.

Era de todos conocido que el trabajo de Castillo tenía plazos y su nombramiento caducidad porque la historia ha demostrado que el “virreinato” no debe ni puede ser eterno.

Pedir la salida del comisionado no fue un capricho de los partidos de oposición ni de Silvano, “Cocoa” y el priista “Chon” Orihuela, como le gusta que le llamen, porque en su visión de futuro político nada dañaría más al próximo mandatario estatal que la sombra de un “Virrey” porque para ellos el poder no se comparte ni admite confusiones.

Ahora, el gobierno federal enfrentará otro desafío, en virtud de que antes del próximo 7 de junio deberá organizar una transición hacia la transición, desde Los Pinos y pasando por la Secretaría de Gobernación.

El Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tendrá que pactar con todos los aspirantes a ocupar el palacio de gobierno de Morelia, el modelo de entrega-recepción de cada espacio político ocupado por Alfredo Castillo, para que el siguiente mandatario  michoacano se pueda acomodar en una nueva relación con el poder presidencial.

Con todo, las fuerzas federales no podrán salir de ese estado de emergencia, pero el mando no puede mantenerse dividido, ni el estado intervenido, a menos que el gobierno federal pretenda que se instale en Michoacán otro gobernador de a mentiritas, con los riesgos que conlleva todavía la presencia del crimen organizado.

Por lo pronto, para las autoridades federales, la elección en Michoacán destaca, desde ahora, como de alto riesgo el próximo 7 de junio, junto con Guerrero y Nuevo León. Poco interesa si la misión pacificadora del comisionado federal queda a medias, si la Tierra Caliente comienza a entibiarse o si el narco ha dejado de suplantar a las autoridades municipales en la zona más ruda de esa entidad.

 

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Escrito por BORREGO