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¿Entregará Claudia Sheinbaum a Rubén Rocha Moya? Todo indica que no. Desde Palacio Nacional se ha activado una defensa política y legal para contener las acusaciones lanzadas desde Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa.
Porque lo que está en juego no es únicamente el futuro de un gobernador, de un senador -Enrique Inzunza Cázarez-, del alcalde de Culiacán -Juan de Dios Gámez Mendívil- y de siete personas más presuntamente involucradas con el Cártel de Sinaloa.
La presentación de cargos criminales por parte del Departamento de Justicia estadounidense se trata de un “misil” directo al gobierno de la 4T, a su credibilidad y a los liderazgos de un movimiento que prometió terminar con el viejo régimen para construir un nuevo proyecto de nación.
El propio Rocha Moya lo reconoce –y lo advierte- en un mensaje que difundió en X: “Este ataque no es únicamente a mi persona; sino al movimiento de la Cuarta Transformación, a sus emblemáticos liderazgos, y a las y los mexicanos que representamos esa causa”. Es decir: si el trompo se tambalea, no cae solo.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿defenderá la presidenta a los suyos con todos los recursos del Estado, aun con un alto costo para el país? Todo indica que ya tomó una decisión, que ya giró la pirinola: resistir y otorgar protección institucional. ¿A los diez señalados? Eso está por verse.
Por lo pronto, desde el 29 de abril la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Fiscalía General de la República coincidieron –o se alinearon- al señalar que la solicitud de detención provisional con fines de extradición presentada por Estados Unidos carece de elementos de prueba suficientes para proceder contra lo que la prensa ha denominado el “enjambre sinaloense”.
En esa línea, Sheinbaum ha marcado una ruta para desacreditar la acusación: “si no existen pruebas claras, es evidente que el objetivo de estas imputaciones por parte del Departamento de Justicia es político”.
¿Y por qué ese argumento? Porque el derecho internacional y la legislación de muchos países prohíben la extradición cuando el delito es considerado de carácter político.
En su conferencia del 30 de abril, insistió en la necesidad de pruebas contundentes e irrefutables conforme a la legislación mexicana. Afirmó que en el expediente recibido sólo hay una hoja de papel y si la FGR encuentra elementos constitutivos de un delito, “deberá proceder conforme a derecho bajo nuestra jurisdicción”.
Pruebas, repite la presidenta. Y remata con una frase retórica y demagógica, propia de la narrativa de la 4T: “mi posición ante estos hechos es: verdad, justicia y defensa de la soberanía”.
Pruebas, pruebas…
Pero sobre Rocha Moya pesa un historial de señalamientos sobre presuntos vínculos con el Cartel de Sinaloa, antes, durante y después de la elección de gobernador de 2021.
Él desestima las acusaciones como “literatura”, aunque en los documentos se apunta una intervención del crimen organizado en ese proceso electoral: robo de urnas, levantones y secuestro de candidatos y operadores políticos opositores. De ser cierto, el Cártel de Sinaloa se convirtió en un operador político.
Por ello, “blindar” a Rocha Moya puede darle oxígeno en el corto plazo, pero también fija un precedente: que ante acusaciones graves, la primera reacción del poder no fue investigar, sino resistir.
Y eso tendrá consecuencias. Hacia afuera, en la relación con Estados Unidos, en un momento especialmente sensible por la revisión del T-MEC. Hacia adentro, en la credibilidad del discurso anticorrupción, porque si las pruebas que hoy exigen aparecen mañana, el costo político será mucho mayor.
Entonces la pregunta ya no será si Sheinbaum lo entregará o no, sino por qué decidió sostenerlo hasta el final.
Relevo en Morena
El próximo domingo 3 de mayo el Consejo Nacional de Morena elegirá a Ariadna Montiel Reyes como su lidera nacional. Sustituirá a Luisa María Alcalde quien pasará a la Consejera Jurídica de la Presidencia.
La ex secretaria de Bienestar llega con una tarea compleja: mantener la cohesión interna, fortalecer la alianza con PT y PVEM, y encarar un entorno adverso marcado por señalamientos de narco partido que, como el caso del “enjambre sinaloense”, colocan a los morenos en el centro de la tormenta.
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Vía @LineaPoliticaMX
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