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El debate no definirá la elección.

No somos una nación civilizada como Estados Unidos para caer seducidos ante una frase fulminante como la de John F. Kennedy en 1960:

–No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país.

Ni siquiera puede esperarse un impacto como el de Diego Fernández de Cevallos cuando hizo alianza con Cuauhtémoc Cárdenas, en 1994, contra Ernesto Zedillo:

-Usted puede ser un hombre de diez en la academia. Pero déjeme decirle que no califica en democracia -le espetó para destacar el dedazo con el cual fue designado en lugar de Luis Donaldo Colosio.

Ahí Zedillo perdió el debate, pero no la elección.

Me dijo al día siguiente Liébano Sáenz, a la postre secretario particular de Ernesto Zedillo y virtual vicepresidente en el período 1994-2000 en Valle de Chalco:

-¿Tú crees que él (Zedillo) piensa que ganó el debate? Para nada. Sabe que lo perdió, pero sabe que no es definitivo.

LOS DESCONTONES

A estas alturas también parece lejano el 2000.

El priista Francisco Labastida con las encuestas a favor (pagadas entonces por el gobierno como hoy por Morena para Claudia Sheinbaum, digo yo) fue a llorar al atril del debate:

–Me ha dicho Pancha la vestida, me ha dicho Mariquita, me ha dicho mandilón. Que me lo sostenga aquí …

Vicente Fox lo descontó:

-A mí se me puede quitar lo lépero, pero a ustedes lo mañoso, lo malo para gobernar y lo corruptos no se les va a quitar nunca…

Y santo final sellado: Fox llegó a Los Pinos con su Martita del brazo.

En 2006 Andrés Manuel López Obrador perdió ante Felipe Calderón al ausentarse de los debates y con el histórico ¡cállate chachalaca! contra Vicente Fox.

En 2012 Enrique Peña marcó la pauta pese a la advertencia pejista de vamos a un despeñadero, pero en 2018 sí hubo nota.

López Obrador se comió a Ricardo Anaya cuando se cuidó la cartera para simular un supuesto robo del panista, por cierto asfixiado entonces con la persecución del gobierno peñista por fraudes inmobiliarios.

SIN FOSFO FOSFO

Hoy es distinto.

Para el domingo próximo los papeles están marcados:

La pejista Claudia Sheinbaum llega a administrar su ventaja, a confirmar su lealtad -más del ciento por ciento exigido por el tabasqueño- para garantizar un continuismo de López Obrador sin López Obrador en Palacio Nacional.

¿Y Xóchitl Gálvez?

A atacar y en busca de un campanazo.

Si lo logra, vaticina el publicista Carlos Alazraki, estaría en posibilidades de remontar “tres puntos, no creo que más, aunque la teoría política habla hasta de cinco puntos”.

Debe ser contundente.

Si Xóchitl no golpea para derribar a Claudia, difícilmente puede aspirar a reposicionarse y a la victoria en las elecciones presidenciales de junio próximo.

¿Y el tal Máynez, negador de padre?

No existe.

Si acaso aspira a administrar su dos por ciento nacional para no defraudar a su jefe Dante Delgado, quien no tuvo alternativa tras la salida del desprestigiado fosfo fosfo Samuel García.

Como Salomón Chertorivski domingos atrás.

Usted me avisa y documenta si fallamos en el pronóstico.

@urenajose1