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elcristalazo.com

Obviamente más allá de la exactitud de un locativo el discurso permite ciertas licencias, pero a veces debido quizá a esa misma flexibilidad uno se queda pasmado (ya casi por costumbre), como ocurrió con la forma como la señora presidenta de México (con A), se presentó ante sus correligionarios de la “internacional populista” en la cumbre (bastante chaparrita, por cierto) de Barcelona.

Les dijo aparentemente emocionada y orgullosa:

“…Vengo (no es lo mismo venir que provenir) de un pueblo que reconoce su origen en las grandes culturas originarias, aquellas que fueron acalladas, esclavizadas y saqueadas, pero que nunca fueron derrotadas; porque hay memorias que no se conquistan y raíces que nunca se arrancan. Vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli y de Coatlicue.

“…Vengo (¿provengo?) de una historia milenaria que no es pasado, es presente vivo en nuestras comunidades, en nuestras lenguas (1), en nuestra forma de mirar el mundo…”

Obviamente la dicha pirámide no tiene mucha relación con Huitzilopochtli (Huichilobos, según Bernal Díaz del Castillo). Una es teotihuacana (100 a.C.-650 d.C.) y no se le conoce como escenario de sacrificios humanos en su cúspide, en tanto “Don Huichi”, es una deidad mexica (1315-1521 d.C.) bañada en sangre humana. Pero, en fin, pelillos a la mar.

Ese discurso tan arqueológico y orgulloso, me hizo recordar un óleo de la señora Kahlo llamada “Las dos Fridas”.

Todos lo conocemos y es posible admirarlo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En él, sedentes y ataviadas con lujo de bordados y encajes, dos mujeres idénticas, con ropajes similares, como si hubiera un espejo, se transfunden su dolida sangre de corazón a corazón. En el fondo se aprecia un cielo nublado y ominoso. Es una forma terrible y original del doble autorretrato de quien hizo de sus quebrantos físicos y su vida dolorida, la materia prima de su exhibición y su obra. Frida lo pintó (con una técnica superior al resto de su obra) en 1939.

–¿Qué relación tiene esa dualidad con nuestra señora presidenta (con A)? Pues nada en realidad, pero esa doble forma de presentarse, me recordó otras frases suyas en cuanto a su personalidad y orgulloso origen.

En el “Diario judío” de esta ciudad, en la pestaña de las personas destacadas de esa comunidad, hay un texto sobre la más destacada de todas ellas. En esos renglones la señora Sheinbaum habla de sus antepasados y sus pasados:

“…Sheinbaum, es de origen judío, mis abuelos paternos (dice) migraron a principios del siglo XX, originarios de Lituania; del lado materno, mis abuelos son sefaradíes, migraron de Bulgaria, en la Segunda Guerra Mundial…

“…Soy cercana (a las tradiciones judías), finalmente en la casa de mis abuelos, celebrábamos todas las fiestas judías, soy mexicana; prácticamente toda mi educación es de escuela pública, pero estoy muy orgullosa de mi origen…”

Aquí ya no se sabe si a los orígenes bálticos (Lituania) o europeos del este (Bulgaria) o a los teotihuacanos. Las Dos Claudias, se llamaría el cuadro.

Presentarse ante el mundo con la excelencia del origen y orgullo del linaje no es algo novedoso. Casi siempre es muy conveniente (y a veces convincente) en los términos del discurso político.

Las palabras de CSP en la ya dicha asamblea, también me hicieron recordar a otro latinoamericano ilustre, don Neftalí Reyes quien prefirió –a pesar de su mundo andino— asumir como suyo el apellido de Jan Neruda, un praguense (Cuentos de Malá Strana.1877), quien hasta donde se sabe jamás engulló un erizo en la Isla Negra ni visitó las alturas de Machu Picchu.

Cuando le dieron el Nobel, Don Pablo (parte de cuya obra se hizo en México, como todos sabemos) nos alertó:

“…Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber.

“…Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva…

“…Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía…”

Otros muchos han hurgado en la ramazón de su genealogía o su nacionalidad o el pasado remoto para explicarse y presentarse ante los demás.

“Nací de una raza triste”, mascullaba Amado Nervo.

“Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron-soy de la raza mora, vieja amiga del sol…– decía Machado.

La memoria trasladada (quizá eso sea la genealogía) casi siempre es ilusoria. La exaltación de los pueblos, la historia, el pasado y el recuerdo falsificado por gestas inexistentes y epopeyas casi siempre derrotadas, forman parte de la resistencia ante la realidad de cada día, como en la poesía de Miguel Ángel Asturias, otro Nobel latinoamericano:

“…y en fila india indios, indios, indios incontables como cien mil zompopos: diez mil de flecha en pie de nube, mil de honda en pie de chopo, siete mil cerbateneros[RC1] y mil filos de hacha en cada cumbre, ala de mariposa caída en hormiguero de guerreros…”

Pero hay otra verdad menos lírica en la cual las pirámides son espectáculo para turistas –no importa si los matan a tiros–, y los pueblos originarios (mezclados o endogámicamente disminuidos) resultan apenas vaga evocación de guerreros apolíneos pintados por Helguera en cursis calendarios para colgar en la puerta de la cocina.

(1). -En México existen (con muy pocos hablantes) más de sesenta lenguas. Hay una Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas (LGDLPI), cuya utilidad –como la del instituto respectivo–, se le embarra al queso de tuna. No conozco un sólo medio de comunicación masiva con cobertura nacional, escrito o divulgado permanentemente en ninguna lengua indígena.