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Adrian Capula.- ¡Tengan cuidado señores! Porque en el panteón de San Lázaro, la calaca anda pelando los dientes. Y es que, tratándose de almas errantes, no importa que de diputados se trate.

Desde el inframundo al cielo o del cielo al inframundo, en esta temporada muertos, las catrinas non saben de amores y en cualquier descuido le quitan su curul hasta al más valiente plurinominal o de representación proporcional.

En la tradición del México que, cada año, le pela los dientes a la muerte, sin miedo a la vida, en la Cámara de Diputados, el presidente de la Junta de Coordinación Política, el panista Marko Cortés Mendoza, inauguró una monumental ofrenda de muertos en memoria de las 471 personas que murieron en los sismos del 7 y 19 de septiembre.

Una muestra de la riqueza cultural que hace grande a los mexicanos. Historia y tradiciones, en viaje al inframundo, representado en el corazón de San Lázaro como la entrada al panteón, con simulación de tumbas, adornadas con cempasúchil, frutas, pan, calabazas y veladoras encendidas. Todo lo que los fieles difuntos disfrutaban en este mundo de placer y bajas pasiones.

Temporada de muertos, días de guardar para honrar y recordar a los que ya se fueron, a los antepasados, los que pueden estar en otro lugar, entrando por el camposanto, según las creencias de cada quien.

Con olores a copal e incienso para que las almas descarriadas regresen con fuero de diputado, a disfrutar de los placeres de este mundo mundano, en una suerte de convivencia y velada nostálgica, entre vivos y muertos, en el improvisado camposanto de la ciudadela de San Lázaro porque, hasta al más valiente legislador, la calaca, la catrina, la huesuda, se lo lleva al panteón.