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Un reporte de The New York Times duda de la efectividad de las vacunas chinas a raíz de los rebrotes en Chile, Mongolia y otros países.

La brecha entre los países ricos y pobres se hizo aún más visible durante la pandemia: mientras un puñado de los más desarrollados invirtieron millones de dólares de dinero público y privado en el desarrollo de sus propias vacunas seguras y efectivas contra COVID-19, el resto del mundo tuvo que esperar para negociar con farmacéuticas y gobiernos el acceso a una inmunización que pusiera fin a última ola de contagios.

El acaparamiento de vacunas por países como Estados Unidos y Canadá provocó que otras naciones buscaran alternativas a las primeras vacunas desarrolladas en Occidente: fue entonces cuando Rusia y China (los únicos países no occidentales que han completado el desarrollo de vacunas contra COVID-19) se convirtieron en proveedores de vacunas para México, Chile, Argentina, Mongolia y otras naciones subdesarrolladas.

Según un reporte de Sui-Lee Wee, corresponsal para The New York Times, algunos países que basaron la mayoría de su campaña de vacunación en las inmunizaciones desarrolladas en China están sufriendo los peores rebrotes en la actualidad.

El diario estadounidense centra su atención en Chile, Seychelles, Bahréin y Mongolia, cuatro países que avanzaron rápidamente en la inmunización (del 50 al 68 % de su población ya tiene el esquema completo) con vacunas chinas, específicamente las creadas por Sinopharm y SinoVac. Los mismos cuatro ahora se incluyen en la lista de los diez países con una mayor tasa de nuevos contagios durante la tercera semana de junio.

De ahí que la hipótesis más evidente para explicar el rebrote en estos países radique en poner en tela de juicio la eficacia de las vacunas chinas para proteger de COVID-19; sin embargo, aún hacen falta más datos para conocer el porcentaje de personas que fueron inoculadas con Sinopharm o SinoVac en estos países y que posteriormente presentaron COVID-19 moderado o grave.

Además, es probable que otros factores como la reapertura de la vida pública, la flexibilización de medidas sanitarias y una falsa sensación de seguridad al recibir la primera dosis hayan contribuido al actual rebrote en estos países.

Otra variable a tomar en cuenta es la rápida expansión de la variante Delta (antes conocida como la variante india), cuya mayor transmisibilidad no sólo está provocando que sea la variante dominante y de mayor circulación, también está aumentando los brotes en países vacunados con inmunizaciones occidentales, como Israel con Pfizer-BioNTech.

La suspicacia ha formado parte de la carrera por desarrollar vacunas seguras y efectivas contra COVID-19. El mismo fenómeno ocurrió en agosto de 2020, cuando Rusia presentó Sputnik V y se convirtió en el primer país del mundo en conseguir una inmunización contra el virus. En aquel entonces, tanto los Estados Unidos como la OMS llamaron a cumplir cabalmente con todas las fases de ensayos clínicos antes de ‘precipitarse’ y lanzar una vacuna.

A pesar de las críticas, un estudio publicado en The Lancet en septiembre de 2020 determinó que Sputnik V resultaba segura y eficaz para proteger de COVID-19. Cinco meses después, la publicación de los resultados de fase 3 de ensayos clínicos determinó que la vacuna rusa tenía una eficacia del 92 %, Pfizer, Moderna o AstraZeneca.

FUENTE: WWW.MSN.COM, LINEA POLITICA, 23/06/2021