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La advertencia de la lideresa nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes —“en Morena los corruptos no tienen cabida”— suena abiertamente irónica frente a la acusación explosiva contra morenistas de alto calibre por una presunta alianza con el narcotráfico para incidir en los procesos electorales.
Hacia adentro del partido funciona como “control de daños” y “línea de mando” ante la inminente definición de candidaturas; hacia afuera, en cambio, corre el riesgo de leerse como una consigna sin sustento.
Porque si los trompos ya se tambalean, este tipo de posicionamientos no los estabiliza. Menos aún cuando la sospecha no es que haya un jugador sucio, sino que podrían aparecer más en la mesa.
Y es que Sinaloa no es un caso aislado. Ahí “estalló la bomba” tras las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y nueve personas —entre ellas un senador y el alcalde de Culiacán— por posibles vínculos con el crimen organizado.
Todo apunta a que el llamado “enjambre sinaloense” podría ser apenas la punta del iceberg. En 2021, PRI, PAN y PRD presentaron ante la Organización de los Estados Americanos un expediente de más de 50 páginas en el que denunciaban una “narcoelección”, con indicios de intervención del crimen organizado para favorecer a candidatos del partido en el poder en al menos seis entidades.
El documento señala, con distintos niveles de evidencia, casos en Sinaloa, Michoacán, Guerrero, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas. Otros reportes apuntan también a Baja California y Colima.
Si ese expediente tenía sustento, entonces Sinaloa no sería la excepción… sino la evidencia de un patrón de intervención criminal para arrollar la democracia de la mano del narco. Porque ya no se trata de rumores, chismes de pasillo o denuncias de los conservadores.
En ese contexto, cada día cobra más relevancia el mensaje del propio Rocha Moya que difundió en X el 29 de abril y que replicamos en Trompos y Pirinolas: “Este ataque no es únicamente a mi persona; sino al movimiento de la Cuarta Transformación, a sus emblemáticos liderazgos, y a las y los mexicanos que representamos esa causa”.
Es decir: si el trompo se tambalea, no cae solo. Si cae uno, caen todos.
Por ello, desde Palacio Nacional se activó —bajo la bandera de la soberanía— una defensa legal y política para contener las acusaciones. Pero los focos rojos no están en la oposición, sino dentro del propio movimiento.
La pregunta es: ¿Está Morena ante una debacle política? Aún no. Pero sí ante algo igual de delicado: el inicio de una narrativa que, si escala y se sostiene con las mismas pruebas que el oficialismo exige, puede acompañar a Morena hasta las urnas en 2027.
Porque si Sinaloa deja de ser un caso aislado, el partido que fundó Andrés Manuel López Obrador no enfrentará sólo una elección: enfrentará un juicio político, ciudadano —y eventualmente judicial— sobre la forma en que construye sus victorias.
En el tablero político giran las pirinolas… y la cara cae en todos ponen.
En X: @castroclemente
Vía @LineaPoliticaMX
