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elcristalazo.com

Mientras el Consejo Nacional de Morena, dócil y obediente admite, procesa y aplaude la renovación de su presidenta (con a) y ve salir a Luisa para aplaudir a Ariadna –como habría saludado a cualquier otra designada por la PMN (Primera Morenista de la Nación)–, la presidenta de la República (con A mayúscula) declama en Atenco un fervorín de tonos rimbombantes, para recordarle al pueblo –dignamente representado por el acarreo burocrático del domingo del apoyo y a quien más se requiera– cómo las cosas se alejan de los usos de antaño, porque si había represión ahora hay diálogo; donde hubo despojo ahora se restituyen derechos; si otrora hubo entreguismo hoy rige la soberanía plena de una nación cuya frente se alza porque los mexicanos tenemos la cabeza en alto, que digo, en muy alto por si alguien no se había dado cuenta.

Todo este enorme ditirambo –como si fuera la interminable, infinita y doble pero única cinta de Moebius, la cual se une y duplica en dos dimensiones y a la vez una sola, al derecho y al revés– tiene como escenario las salitrosas praderas de Atenco, una especie de jardín de las Hespérides sin manzanas de oro o polvorienta Babilonia huérfana de jardines colgantes; ahí dónde no florece nada, ni árboles, ni flores, ni siquiera aeropuertos de cemento y cristal; páramo sin fruto ni flora, ni fauna, más allá de dos o tres garzas despistadas, algún pato en el vecino lago Nabor Carrillo; un tanto de chichicaxtle, quizás un charco con ahuautle y algunas lagunillas de alga espirulina, pero eso no importa si se trata del símbolo de la resistencia medio milenaria de los pueblos originarios con el color de la tierra, sin aroma de lavanda; pero eso es lo de menos, lo importante ahora es ver cómo tras la epopeya verbal de la gran hazaña del pueblo por la Regeneración Nacional, la Transformación de la Vida Nacional; la Revolución de las Conciencias y el matriarcado justiciero, la patria avanza sin doblar la cerviz ni permitir de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia, la intromisión o la injerencia ; la intervención o el manoseo de sus instituciones soberanas, digan cuanto quieran los adversarios del movimiento y por tanto de la patria entera; los traidores, los nostálgicos del servilismo, los alegres ante la desgracia de un hombre calumniado como Rubén Rocha Moya a quien los conservadores han llegado al externo de comparar con Genaro García Luna (si me hace usted el refabrón cavor), pero no podrán quienes desde los tiempos juaristas están moralmente vencidos, porque ni ahora ni antes ni nunca jamás se levantarán de la derrota moral a ellos asestada por la victoria de las fuerzas nacionalistas y por tanto progresistas, y así, bajo la inspiración de esos principios rectores, la gran asamblea de Morena comienza a poblar los salones del Centro Internacional de Comercio, como debiera conocerse al gringamente llamado World Trade Center como si viviéramos en Texas, pero no, habitamos en la hermosa ciudad de México aunque los nombres y calles de esa zona sean todos de ciudades norteamericanas como Filadelfia o Dakota pero ahí se hace el Consejo Número 8; octavo, pues, en el cual se toman muchas determinaciones importantes para el futuro electoral del próximo año, porque ya lo sabemos, la única finalidad de un partido político es llegar al poder (no establecer pedagogía moral), y eso se hace con votos y si se tiene talento (y un billón de pesos en distribución favorable), con votantes previamente persuadidos, convencidos y en algunos casos adquiridos ,m entonces como Morena se tiene (y hoy como nunca antes), el padrón por el mango y no sólo la sartén, pues la Secretaria de Afiliación ( y Organización, sin Andy), ha sido doña Ariadna Montiel en estos meses del segundo piso cuyo trabajo ha sido repartir dinero en la operación binaria (partido-gobierno) a través de los programas sociales cuyo manto protector –como la virgen Morena– ya cubre a más de 30 millones de mexicanos y contando; porque cada vez se amplía más la munificencia social cuya transformación en victoria electoral es tan simple como decir dos y dos son cuarto; amor con votar se paga y no somos como antes porque no robamos ni rellenamos urnas, ni enloquecemos ratones el día de los comicios; lo hacemos legalmente desde antes y con aplausos sin rival, a través de la adquisición de las conciencias y la gratitud estomacal de los beneficiarios de los recursos hasta hace poco aplicados, administrados y manejados por doña Ariadna cuyo hilo conduce a cualquiera a través del laberinto del Minotauro electoral llamado abstención y un ranchero diría, pues sí, con esa trompa cualquiera es puerco, y si algo faltaba colonizamos al INE, pero esa harina va a otra costalera, pero no se rebaje a lágrima o reproche la habilidad de los morenos para sacrificarse por el pueblo y llevar adelante la transformación y cerrar el círculo entre la devoción, la conveniencia y la elección prometedora con más lluvia de Maná celestial vestido color vino, así pues apártense vacas que la vida es corta gritaba Buendía en la casa de Petra Cotes, si don Gabo me perdona meter a sus personajes en los cien años de soledad de los moralmente derrotados, los vencidos, los añorantes del tiempo cuando la corrupción campeaba entre nosotros y no era preocupación de las cortes o Grandes Jurados estadunidenses para llamar a su barandilla a un gobernador acusado de narcotraficante y facilitador de negocios ahora catalogados hasta como terrorismo continental como malamente ha dicho Mr, Trump pero eso, ahora no tiene importancia, frente a la marchosa caminata de doña Ariadna quien como los políticos de antes ya se desplaza, con inocultable orgullo y renovado empaque, con la barbilla enhiesta un metro por delante de sus pies y su pecho, porque claramente sabe el peso de su capital político, y como la contienda interna para suceder a doña Claudia, se resolverá entre mujeres porque ni modo de regresarle el poder al machismo falocrático y misógino , pues desde ahora se debe sembrar, sobre todo con la disgregación actual del gabinete del cual hasta ella formaba parte y se ha ido quedando sin los granos de la mazorca inicial, pues ya se fueron el Canciller y el Fiscal y hasta el pobre de Berdegué y Luisita ya dejó el partido antes de la prueba electoral y la consejería jurídica es una cosa burocrática lejos del manejo de masas y no importa si hay 18 secretarías de Estado porque el gabinete ahora no vale tanto como el Movimiento; porque todo reside en el movimiento, todo es Morena y el partido no está al servicio del gobierno, sino en sentido contrario, el gobierno está para servir al movimiento, en un neo sistema político, en el cual ella y compañía son la esperanza de México, y Ariadna lo sabe y lo controla desde ayer, con un ojo al Zócalo y otro a Palenque, porque así deben ser las cosas en los tiempos de la Revolución de las Conciencias con el partido convertido en almena y atalaya contra las flechas del águila calva, y si hablamos de tan evidentes presiones, recordemos con Peña Nieto cómo al señor Trump ninguna le acomoda, si se me permite aludir al desesperado albur toluqueño, pero cada semana nos cimbra el orate con una nueva ocurrencia y la verdad no es justo, si todos sabemos –por citar el caso más reciente–, de la bonhomía del señor Rocha o del senador Insunza y los otros ocho magníficos señalados perversamente por el Tío Sam, cuando los conocemos a todos y sabemos su calidad humana –como Fernández Noroña, por ejemplo– porque se trata de finísimas personas incapaces de cometer siquiera un pecado de pensamiento u omisión, ya no se diga de obra y voluntad.