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La Encuesta Nacional de Seguridad Urbana reporta que la población sometida al ejercicio demoscópico considera que no hay mejora en la materia y que se encuentra peor que al finalizar el sexenio anterior. En el país, más del 61% de los mexicanos tienen miedo y en ciudades como Irapuato y Guadalajara, casi el 100%.
La muestra se levantó en 27,300 viviendas de 91 áreas urbanas e incluye a todas las entidades y a 16 demarcaciones territoriales de la Ciudad de México. El objetivo, nos dice el INEGI, es obtener información que permita realizar estimaciones en áreas urbanas acerca de la percepción de la población sobre la seguridad pública en su ciudad. Se busca, agrega, proporcionar información al público en general y proveer elementos para la toma de decisiones de política pública en materia de seguridad.
Es evidente que el nuevo gobierno federal, aun cuando lo niegue, cambió de estrategia y dejó atrás la fallida y peligrosa propuesta de López Obrador de “abrazos y no balazos”, que en la práctica significó no combatir a los criminales e incluso tener un peligroso coqueteo con ellos. Además, la presidenta heredó una confusa organización en las corporaciones policiales, la cual dificulta la operación eficaz en la materia. En la práctica, la dependencia responsable carece de efectivos para enfrentar a los delincuentes y se debe “coordinar” con el Ejército para actuar.
En Irapuato, el 92.1% de sus habitantes siente miedo por el crimen; en Guadalajara, el 90% y en Ecatepec, un 87%. Por el contrario, las seis ciudades más seguras son: San Pedro Garza García y San Nicolás de los Garza en Nuevo León; Piedras Negras, Saltillo y Torreón en Coahuila, y Benito Juárez en la Ciudad de México.
La diferencia es brutal, pues mientras la ubicada en Guanajuato se aproxima al 100% de población en estado de miedo, San Pedro, la más segura, apenas llega al 4% de pobladores en esa condición. Hay centros urbanos que incrementaron de manera dramática su mala calificación, entre ellos, Zapopan, Puerto Vallarta, Tepic y Tonalá.
Estoy convencido de que la paz es posible y el mejor ejemplo es Coahuila. En 2011, como en otras partes del país, se vivían días de terrible violencia. Una banda de sanguinarios criminales procedentes de Tamaulipas penetró el estado y entró en conflicto con otros grupos delictivos. Aumentaron los homicidios y surgió la tragedia de las desapariciones. Los criminales sometieron a las policías y se mezclaron en actividades económicas de todo tipo.
La respuesta fue enfrentar a los criminales y no darles tregua. Al principio, fue cuesta arriba y con represalias de todo tipo, hasta de carácter personal. El éxito fue producto de una estrategia multidimensional que incluyó la coordinación con los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto, la alianza con la sociedad y la aplicación de la ley.
Hoy presumimos los resultados que la ENSU arroja sobre Coahuila.
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