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<< México enfrenta una contradicción estructural pues mientras millones de personas no tienen garantizado el acceso a alimentos, toneladas de comida terminan en la basura cada año

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 23.4 millones de personas viven en condiciones de inseguridad alimentaria, en paralelo, el país desperdicia 13.4 millones de toneladas de alimentos anualmente, según el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), lo que posiciona a México como uno de los mayores generadores de desperdicio en América del Norte, solo detrás de Estados Unidos.

Por lo anterior, la coordinadora del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano, Ivonne Ortega Pacheco, presentó una iniciativa que busca establecer la donación de alimentos como una obligación para grandes generadores, con el objetivo de reducir pérdidas y canalizar productos aptos para consumo hacia quienes más lo necesitan.

La propuesta contempla la creación de un marco integral que incluye la valorización de residuos alimentarios, la incorporación de empresas a esquemas de economía circular y la implementación de incentivos económicos, fiscales y mecanismos de reconocimiento público para fomentar el aprovechamiento de alimentos.

Sin embargo, los datos evidencian la magnitud del rezago. Según la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), actualmente solo se rescatan alrededor de 171 millones de kilogramos de alimentos al año, lo que representa menos del uno por ciento del total desperdiciado. En contraste, en el país se pierde cerca de un tercio de los alimentos producidos, equivalente a aproximadamente 38 toneladas por minuto.

Coneval advierte que una de cada tres personas en México padece inseguridad alimentaria moderada o severa, con mayor incidencia en comunidades rurales e indígenas. Además, 14.4 % de la población —más de 18 millones de personas— carece de acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, lo que repercute directamente en su salud, desarrollo y aprendizaje.

“El desperdicio de alimentos en México no sólo refleja una falla en la eficiencia económica, agrícola y ambiental, sino una grave contradicción moral en un país donde millones padecen hambre. Cada tonelada de comida que se destruye evidencia una falla de política pública, de coordinación institucional y de sensibilidad social”, afirmó Ortega Pacheco.