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elcristalazo.com

El anterior título, obviamente es de una canción argentina cuya superficialidad y simpleza no necesitan defensa, pero resulta útil para plantear el dilema de la doble nacionalidad, asunto sobre el cual el gobierno de México, el siempre patriota, nacionalista, soberano, popular, revolucionario e independiente, con todo tipo de pretextos y subterfugios –ahora olvidados– se doblegó ante las exigencias de la globalización ahora tan estorbosos para la 4.T-2.P porque así se le conviene en sus planes de dominio ilimitado.

La doble nacionalidad, por mucho como en otras latitudes sea un derecho arraigado, es en muchos sentidos un absurdo. Nadie tiene dos madres. Ni dos patrias.

Cuando en otros tiempos el debate estaba más encendido, ninguno de sus defensores pudo responder satisfactoriamente esta pregunta:

¿Si tienes ambas nacionalidades, la mexicana y la estadunidense y hay una guerra, en las filas de cual ejército te alistamos para matar a los de enfrente?

Si no existiera la doble nacionalidad, posiblemente Andrés Roemer, acusado de abusos sexuales en México por varias mujeres y refugiado en Israel, ya podría haber sido juzgado aquí.

Pero como dice Cabral, ni de aquí, ni de allá.

Es sólo un ejemplo entre muchos, por no citar el ardor mayor de la cuatroté contra Francisco Javier Cabeza de Vaca quien les toca el violín desde las tierras tejanas (con J).

Los beneficiarios del fraude fiscal y la quiebra de Interjet tampoco se podrían envolver en la bandera francesa. Y así un prolongado etcétera.

Pero lo políticamente correcto es defender esa dualidad derivada, obviamente, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Como fue el Horario de Verano abolido por la cuatroté para instalar el horario de Dios, como si el creador tuviera reloj. Y las cosas son así. Y van a cambiar.

Muchos han dicho (AMS):

“…La prioridad del presidente Ernesto Zedillo y su equipo fue proteger a millones de mexicanos en el extranjero —sobre todo en Estados Unidos— para que pudieran naturalizarse y ejercer derechos plenos donde vivían sin renunciar a sus raíces mexicanas (¿?).

“Gracias a esa reforma, millones regularizaron su situación jurídica, pudieron estudiar, obtener empleos mejor remunerados y ofrecer una vida más estable a sus familias en ambos países.

“También abrió la puerta para que sus hijos nacidos fuera de México fueran reconocidos como mexicanos por nacimiento, con los derechos y obligaciones correspondientes. Ante los ataques y la persecución que enfrentan mexicanos en la era Trump, hay que reconocer la visión y el valor del Presidente Zedillo y sus asesores al entender la importancia de proteger mexicanos que salieron del país por distintas razones”.

Obviamente uno puede preguntarse cuáles derechos y obligaciones tiene aquí” un mexicano con nacionalidad y residencia americanas (por lo cual luchó y se empeñó años), más allá de la insignificancia del voto inútil. Ojalá la doble nacionalidad implicara también la doble tributación, porque a la hora del fisco, nada más son gringos.

El asunto hoy ha quedado resuelto.

Bien o mal solucionado pero ya son hechos consumados y muy difícilmente se podrán desmontar todos los derechos ya conseguidos (allá), lo cual no es necesario para la voracidad de la Cuarta Transformación cuyo apetito se sacia con limitar los derechos políticos de aquí.

Todo eso es un absurdo. La ley permite votar y ser votado (son derechos correlativos) ; excepto si se tiene la doble nacionalidad con apego a la ley del mismo país. Cosa de locos. Una ley permite y otra ley veta la misma cosa.

“(La jornada).- La presidenta Claudia Sheinbaum hizo llegar hoy a la Comisión Permanente la reforma constitucional para establecer de manera expresa el requisito a quienes aspiren al cargo de titular del ejecutivo federal, de gobiernos estatales y de la Ciudad de México de no contar ni adquirir una nacionalidad extranjera, con el objetivo de que “el interés de México esté por encima de cualquier otro”.

“Quienes aspiren a la presidencia de la república o a encabezar gobiernos estatales y cuenten con la doble nacionalidad deberán renunciar a la que les haya conferido un gobierno extranjero, antes del registro de su candidatura ante la autoridad electoral.

“Esa renuncia no se ceñirá únicamente a una declaración ante las autoridades mexicanas. Se establece en la iniciativa que la legislación secundaria asegurará que la renuncia comprenda también las actuaciones necesarias frente al Estado extranjero que le concedió otra nacionalidad, de forma que exista certeza sobre la exclusividad del vínculo jurídico, exigido para ejercer el cargo”.

Lo anterior no significa una renuncia; propone un repudio público. Un galimatías.

Pero por si fuera poco:

La doble nacionalidad , “es una realidad legítima reconocida por nuestro marco constitucional. Sin embargo, la cuestión es distinta cuando una persona decide aspirar, encabezar el poder ejecutivo, ya que asume una responsabilidad directamente vinculada con la soberanía nacional”.

–¿Y si es una realidad legítima por qué se piensa ilegítima? ¿Por un potencial traidor en la silla? No hace falta.

En el supuesto de la encarnación de la soberanía al asumir la jefatura del Ejecutivo y la posible duplicidad de intereses o de intenciones aviesas y traidoras a la patria, eso no se resuelve renunciando a otra nacionalidad, sino a las ideas. Y esas no se remueven con una declaración administrativa.

De acuerdo con las consideraciones presidenciales, la naturaleza de los cargos sobre todo ejecutivos, “justifica un régimen de elegibilidad particularmente estricto. Quien recibe del pueblo, la responsabilidad de encabezar un poder ejecutivo debe responder exclusivamente a México y a sus instituciones”. Una obviedad.

Bajo ese mismo supuesto de traición germinal, durante muchos años la sola aspiración a una candidatura presidencial le estuvo vedada a cualquiera por la oriundez de sus padres.

El origen paterno o materno, mutilaba sus derechos. Y así fue hasta la derogación del antiguo artículo 82 de la Constitución en favor de quien menos lo merecía: Vicente Fox. Había otros mejores.

Hace años el profesor Carlos Hank invitó a una comida de cumpleaños o algo así, en su rancho “Don Catarino” en Santiago Tianguistenco. Con su proverbial cortesía esperaba a los invitados al pié de la carretera antes de la entrada a la finca.

Vestía un espléndido traje de charro negro con botonadura dorada. Tricolor la corbata, reluciente la pistola en la funda de cuero repujado. Botines de luminoso betún. No recuerdo si calzaba espuelas, pero no llevaba sombrero.

–Profesor, se ve usted muy bien vestido de charro, le dije en tono bromista.

–Gracias, Rafael. Para ponerme esto no se necesita cambiar el 82”.

A pesar de todo, José López Portillo, con un gabinete lleno de “churumbeles”; se rehusó a cambiar la antigualla restrictiva. Hank habría sido un buen presidente, sin duda alguna.

Hoy se presenta (y avanzará) una iniciativa de reforma constitucional (simple trámite con una mayoría absoluta y una constitución con rapidez de memorándum) para “establecer expresamente que quien ejerce la presidencia de la República, no pueda adquirir ni solicitar otra nacionalidad, ni invocar ante una autoridad extranjera, una nacionalidad distinta a la mexicana”.

Este recurso es parte de la paranoia intervencionista tan frecuentemente invocada por el gobierno contra contenidos informativos; frenar adversarios o anular procesos electorales cuando se imagine o suponga siquiera una mano extranjera metida en el proceso.

La gran defensa de la IV-T estriba en creer en el siniestro plan de la “internacional derechista” contra “la internacional populista” latinoamericana (Petro, Kirchner, Castillo, Díaz Canel, Cristina, Lula, Ortega,etc) y los turistas de Barcelona.

Por eso –dicen—un fantasma recorre el mundo, el fantasma del intervencionismo”. Y contra él se han unido en Santa Alianza.