Desde hace algunos días, se inició una campaña encaminada a difundir las bondades y logros que lleva no solo el segundo año de Claudia Sheinbaum como titular del poder Ejecutivo, sino se reiteran una gran cantidad de cosas para crear, en su narrativa, un mundo que los de la llamada 4T solo ellos ven.
Pero la distancia ente la narrativa desde Palacio Nacional y el mundo real sigue siendo inmensa lo que se traduce “datos del gobierno” son muy distintos a las necesidades que presentan muchas familias en el país.
Se festeja por adelantado que los niveles de inseguridad viene bajando, mientras que cada 7 de 10 mexicanos siguen opinando su miedo a vivir en las ciudades y comunidades porque los actos de violencia están presentes.
Se afirma que en ocho años del proyecto de la 4T el crecimiento económico ha sido de beneficio para la población, porque este crecimiento ha sido compartido.
Sin embargo la mayoría de la gente observa como en esos mismos ocho años, se ha perdidos una infinidad de empleos que colocan a la economía familiar en problemas y para evitar aumentarlos , mucha gente se empela en la informalidad con salarios reducidos y sin prestaciones que le permitan tener seguridad social.
Esta disonancia entre la retórica y el mundo real tiene un costo muy elevado para la economía. Mientras en Palacio Nacional se presumen los “otros datos”, los indicadores duros del Inegi y del Banco de México retratan una economía con poco que festejar.
Se dice que se construyó un primer piso de la Transformación y se esta contrayendo un segundo piso, pero la gente solo mira como se han perdido oportunidades por la falta de inversión pública en la relación de servicios para la población.
Se destaca que se construyeron grandes obras, pero no se advierte que estas siguen siendo inyectadas con recursos públicos para su funcionamiento, lo que impide seguir construyendo mayor infraestructura y el rezago sigue mostrándose en varias zonas del país.
Se intenta hacer olvidar el enorme costo fiscal que representan estas obras, lo que implica menor gasto publico. Porque se habla de que ahora si se reparte entre la gente los beneficios de un crecimiento económico, sin señalar que este crecimiento en promedio no rebasa el punto porcentual y ha quedado muy por debajo del 2.4 por ciento que se crecía en las administraciones anteriores, que tanto detestan los de la 4T
Se asegura que se ha logrando “una hazaña” de sacar de la pobreza a mas de 13. 4 millones de mexicanos, pero no se paran a pensar que los salarios de los mexicanos han sido rebasados por el alto índice de inflación y la falta de medicamentos. Por tanto los recursos que se distribuyen a esos 13.4 millones de mexicanos son utilizados para la compra de medicamentos y complementar la compra de una canasta básica.
El guion del mensaje es básico, repartir por todas partes que “vamos bien” que se han superados barreras insalvables en años anteriores y que ahora todos los mexicanos podemos gozar de lo que antes carecíamos. Pero la realidad no es eso, sino todo lo contario.
Para los inversionistas nuestro país carece de un Estado de Derecho fuerte, la incertidumbre esta presente en cada rincón del país y la confianza hacia el gobierno , por parte de las calificadoras internacionales sigue estando aun por debajo de los esperado.
Es por ello, que se trata de imponer un mundo paralelo, desde las llamadas las mañaneras, pero la realidad choca y se traduce el freno de inversiones privadas, una economía estancada y crecimientos no superiores al punto porcentual.
Se perfila un segundo informe de gobierno de Claudia Sheinbaum, basado en triunfos no percibidos por la gente, en datos que se despegan de las cifras que cada mes otorga el Inegi y que demuestra que no todo es como se quiere pintar.
Gobernar a través del micrófono y descalificando a la mitad de la población, no significa un avance social. Afirmar que la economía crece sin observar que las familias mexicana carecen de seguridad social y pública, que existe un alto índice de crisis hídrica y que los pobladores se sienten rehenes de los grupos criminales no es bueno.
La discrepancia entre los «datos del gobierno” y la realidad sigue siendo enorme y esto no ayuda en nada en encontrar soluciones para salir de la situación que se vive en el país.
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