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Por los 10 años sin Carlos Fuentes. Homenaje a su vida y obra*

«Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces qué?». Samuel Coleridge.

Corrían los años de 1907, cuando Manuel Caballero, conocido como el periodista moderno porque su trabajo estuvo vinculado a la modernidad política y económica de su tiempo con el permiso de Carlos Díaz Dufoo, publica una segunda época de la Revista Azul, con un plan antimodernista, gran parte de los jóvenes intelectuales, entre los que estaba Alfonso Reyes se enfadan y atacan a su nueva revista.

Esta fue la primera polémica literaria en el México del siglo XX. Hubo protestas y contra protestas. La segunda época de Azul concluyó y esos jóvenes fundan la Sociedad de Conferencias, que luego se convierte en Ateneo de la Juventud y después en 1912, en Ateneo de México.

Alfonso Reyes, el regiomontano universal, perteneció al Ateneo de la Juventud y durante esos años escribió «La Cena», su primer cuento de literatura fantástica y uno de los relatos más celebrados del siglo XX, que apareció en el libro El plano oblicuo.

La ficción es inquietante porque toca los temas de la fantasía delirante, el desdoblamiento y la reencarnación. La historia transcurre en un ambiente de pesadilla en el que hay un juego de luz y sombras que cae sobre los personajes y el ambiente. Los personajes femeninos se desdoblan. Cuando Alfonso descubre su propia imagen en el retrato, entonces recupera la memoria y la identidad, y logra huir. «Si las nueve campanadas, me dije, me sorprenden sin tener la mano sobre la aldaba de la puerta, algo funesto me sucederá».

Al siguiente día, despierta y mira que lleva una flor en el ojal. ¿Cuál es la función de la flor en el cuento? Es algo parecido a cuando despertamos de un sueño o de una pesadilla y solo nos acordamos de una parte porque lo demás se perdió en el olvido. Entonces, intentamos reconstruir o dar un sentido al producto onírico con alguna de las imágenes que recordamos y nos sirven de soporte para cuestionarnos en términos de realidad o ficción.

«La Cena» influyó en Jorge Luis Borges y en Carlos Fuentes en su novela Aura. Otras fuentes de la novela breve de Carlos Fuentes son: “La bruja”, de Jules Michelet, “Misa Negra” de José Juan Tablada; los cuentos chinos sobre alquimia del rejuvenecimiento, “La dama de piques” de Puskin, Grandes Esperanzas de Dickens, entre otras.

Aura, pertenece también a la literatura fantástica, es una historia fascinante con pinceladas de horror, el ambiente es soporífico y nos introduce en una espiral de asombros, alucinaciones y rituales. Las claves simbólicas del relato tienen relación con los opuestos: la vida y la muerte, la juventud y la vejez, lo que muere y renace, lo femenino y lo masculino.

Al observar a los personajes, nos percatamos de que Consuelo es al mismo tiempo Aura y la Saga, ella representa lo dionisiaco, la oscuridad, la tierra, la madre y también la muerte.

Aura es incorpórea, una representación de las emociones, de la sensualidad y lo erótico. Es también una proyección de Consuelo.

La coneja Saga acompaña a Consuelo con sus penetrantes ojos rojos es un símbolo del renacer. Consuelo es infértil y la liebre como la luna muere para renacer. Es una clave de asociación de la novela, símbolo lunar, la bruja.

El general Llorente presencia en ausencia, fuerte, ha ganado batallas, viene a ocupar el lugar del padre. El juego de la memoria confluye en que la conciencia de un hombre, el general Llorente tiene que ser preservado por otro hombre, Felipe Montero.

El final del relato es algo digno de ser comentado: «Cuando te separes de la almohada habrá caído la noche…» La revelación anecdótica es que Felipe ha participado, ha entrado a esa casa a morir. A diferencia del personaje del cuento de Reyes quien logra huir; Llorente renacerá en Montero y Consuelo trata de renacer en Aura. Metáfora de lo anómalo en que se impone el caos y la locura.

Aura, como toda obra de arte, se interpreta desde diversos campos. Desde una mirada psicoanalítica, suponemos que las ficciones literarias nos acercan a la comprensión de la realidad. Así, la literatura fantástica además de cuestionarnos por la figura del narrador, por el tiempo y el espacio de relato, por lo sueños y las pesadillas, por las metamorfosis de los personajes nos apertura la dimensión de esa Otra escena, en la que se despliega la realidad psíquica, que es la que vale para cada sujeto. Freud se encargó de enseñarnos a descifrar la literatura para que ésta tenga sus efectos en el sujeto, nuestra verdad, es una verdad de sujetos hablantes o sea de-limitados por el lenguaje «Entonces qué, ¿dónde quedó la flor de Coleridge?»

*Con motivo del décimo aniversario del fallecimiento de Carlos Fuentes, la Cátedra Extraordinaria Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana de la Dirección de Literatura y Fomento a la Lectura organiza un homenaje a este escritor primordial de la Literatura Hispanoamericana en el Auditorio del MUAC, en el Centro Cultural Universitario en Ciudad Universitaria con la intención de rememorar y resignificar su amplia obra que abarcó géneros como el narrativo, el ensayístico y que también tuvo presencia en el mundo cinematográfico.

Carlos Fuentes nació en Panamá, en 1928. Fue un escritor, intelectual y diplomático mexicano. Es considerado como uno de los más destacados escritores mexicanos y latinoamericanos de los tiempos recientes. Perteneció al Boom de la literatura latinoamericana. Recibió los más importantes premios por su destacada labor literaria, como el Premio Rómulo Gallegos de novela (1977), el Premio Cervantes (1987) y el Príncipe de Asturias (1994). Es autor de novelas como La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962), Aura (1962), Cambio de piel (1967) o Terra nostra (1975).

*** Doctora en filosofía política, maestra en periodismo y psicoanalista

https://twitter.com/z_smeke?lang=es