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Una a una, Rosario Robles Berlanga, secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) fue rechazando las acusaciones de aquellos legisladores sobre desvió de recursos y otras irregularidades.

En el salón de Plenos, y a su estilo retaba con su dedo índice izquierdo, que presentaran pruebas, pues ella tiene las manos limpias y conciencia tranquila, pues no firmó un solo documento que la incrimine en delitos contra el erario, y por tanto del interés de la mayoría.

Las mantas comenzaron a salir para reprocharle su conducta y cuestionarle sobre su honorabilidad, a lo que refutó “no hay denuncias en mi contra, tengo las manos limpias, la conciencia tranquila, es más que se busque hasta debajo de las piedras”.

Una de las más duras fue Martha Tagle, de Movimiento Ciudadano, quien le recriminó su actitud, que en momentos -a gritos- se calificó de mentirosa y cínica.

“Esto se llama violencia de género”, reviró Robles Berlanga a su detractora, quien se ha dedicado, paradójicamente, a la defensa de las inagotables causas de las mujeres.

A la funcionaria federal le recordaron que el presidente Enrique Peña Nieto, le dijo «no te preocupes Rosario”, y la afirmación del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien la señaló como “un chivo expiatorio, y ella reviró desde la tribuna: “No requiero amnistía ni que nadie me perdone de antemano… que busquen, no podrán comprobar lo contrario. No necesito que nadie me defienda. Me defiende mi trabajo y me defiende mi trayectoria”.

La defensa de legisladores priistas fue débil y a la petición de orden, a presidenta de la Mesa Directiva en turno, Dolores Padierna, replicó seca: “el artículo 61 Constitucional. La diputada no puede ser reconvenida por quien está compareciendo”.

En esta comparecencia quedo claro por enésima vez, la nueva realidad del país y del Congreso de la Unión, son los morenistas, quienes tienen mayoría.