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• El peso de la realidad comienza a minar el discurso • Vienen nuevos bloqueos de la CNTE

NÚMERO EXCELSIOR

El gobierno de López Obrador entra en un momento decisivo en que el bono democrático comienza a ser insuficientes para exorcizar problemas y presiones externas e internas. En el horizonte se agolpan resistencias y riesgos a los que no persuaden los millones de votos en las urnas. Tampoco alcanza “palomearlos” en el discurso presidencial como asignatura superada y su endosado al archivo de lo cumplido. Lo que entra a la discusión es la capacidad de ejecución para que las cosas sucedan, la aptitud para realizar las promesas de la 4T y sus equivocaciones. Una de ellas es la Reforma Educativa. El compromiso de derogarla y dar paso a un nuevo modelo educativo, que hoy está congelado por el veto de la CNTE al consenso alcanzado por el gobierno con el bloque opositor en el Congreso. Paradójicamente, el peso de los 30 millones de votos a quienes menos convence es a sus viejos compañeros de viaje y sus resistencias cuestionan su mandato desde el ala radical de la coalición que lo llevó al poder.

Ante ellos no ha valido estampar el sello de cancelación a la reforma y, por el contrario, acusan “simulación” en la palabra empeñado en deslindarse del pasado del modelo educativo de Peña Nieto, aunque se utilice otro lenguaje para nombrar el camino para mejorar la educación. También se oponen a la Reforma Laboral que se discute en el Congreso y cuya consecución es condición en EU para ratificar el T-Mec, otra presión que tampoco sucumbe a la fuerza de sus votos ni a la de sus palabras.

Tanto el bloqueo al Congreso y las nuevas movilizaciones anunciadas por la CNTE, así como las presiones ejercidas por EU, ponen en tela de juicio la eficacia política del gobierno y sus decisiones gravitan sobre el futuro de la administración en un contexto de crecimiento económico muy bajo. Si la parálisis y falta de respuestas erosionaron a los gobiernos del PAN y PRI, las indecisión ante los problemas comienza a rondar al gobierno de la 4T. ¿Cuál es la estrategia frente a ellas?

El peso de la realidad empieza a desbordar el discurso presidencial y a afectar las condiciones sociales. Pero si tiene que escoger entre los hechos y el discurso, el Presidente pareciera optar por el segundo, como demuestra su corrección pública a Hacienda cuando dijo que “quedó corta” en la revisión del crecimiento. Las dificultades para implementar sus políticas se reflejan en el recorte de expectativas económicas más allá de la defensa de su eficiencia en el discurso. La reconvención presidencial es una Espada de Damocles para la SHCP y una constatación del reto de encajar los datos económicos con el rendimiento oficial.

El terreno en que se adentra la administración es lograr que las cosas sucedan más allá de las palabras. El desafío del mensaje oficial es ser capaz de mover la administración pública para bajar los recursos a los programas y operar una alternativa anticíclica ante el bajo crecimiento para soportar los programas sociales. Necesita más que palabras y aclarar dónde recortará el gasto para mantener la disciplina fiscal. Crecen las dificultades para desactivar turbulencias de la CNTE, las amenazas de EU o el pasmo de los inversionistas sobre el contacto directo con las audiencias en las conferencias “mañaneras”. También lograr que los mensajes pongan a salvo los programas sociales del impacto de la economía y que la inseguridad y corrupción sucumban al dictado presidencial, aunque se quieran desterrar en el discurso. El nuevo gobierno se encamina al terreno en el que valen los hechos, no las palabras.