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Esas tres palabras tan cortas, pero llenas de amor y solidaridad las aplica el Padre Benito Javier Torres Cervantes, quien desde hace seis años da comida, refugio, despensas y cobijas a personas en situación vulnerables.

Desde muy temprano migrantes, sexoservidoras e indigentes se forman para ingresar por la sacristía a la Iglesia de la Santa Cruz y la Soledad, en la Merced. Adentro, ya están instaladas las mesas y sillas donde se les dará de desayunar, y posteriormente se les entregará una despensa y cobijas.

Con sonrisas y muestras de cortesía son recibidos por gente que ayuda al sacerdote. Ellos les indicaban donde deben sentarse, y de forma respetuosa siguen las indicaciones.

Previo a que sirvan la comida, el Padre Benito y algunos voluntarios (personas que fueron a recibir el apoyo) piden posada y cantan algunos villancicos navideños.

Mientras que en las mesas se van colocando botellas de agua, y platos con espagueti, pierna adobada, pan y dulce de calabaza.

En entrevista, el clérigo llama a atender a esos grupos olvidados e incluso repudiados por la sociedad.

Mercedes Ocaña, que llegó procedente de Haití con sus tres pequeños hijos, encontró refugió en la Iglesia, ella agradece al Padre Benito su ayuda, porque si no fuera por él, ellos estarían pasando hambre y frio.

Las sexoservidoras, no sólo agradecen la comida y cobijas que les proporciona el sacerdote; sino también los servicios médicos y vacunas que ha gestionado para ellas, pues el gobierno local se ha olvidado de ellas.

De repente, en una de las mesas se ve a una señora de la tercera edad sacando de una bolsa rosa, a dos pequeños perritos, que juguetones saltan a su pecho y curiosos observan a los presentes.

Doña Cuquita, nos cuenta que hace dos años cuando inicio la pandemia, perdió a sus hijos, ellos murieron por COVID-19, “se los llevo una ambulancia y ya no supe de ellos, yo me quede sola en casa y mis familiares me sacaron de ahí, ahora vivo en la calle. El padre me da de comer y ellas -perritas- son mis hijas y ellas me han ayudado a no quitarme la vida, me sacan de mi tristeza”, nos dice con lágrimas en sus ojos y aferrándose a los cuerpecitos de sus peludas.

Con el empeño y loable acción del Padre Benito Javier Torres Cervantes, se han abierto 12 comedores comunitarios, se lleva también alimento a centro de refugio en el Borde de Xochiaca y a la Sierra de Veracruz.