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Esa semana la mayoría del poder Legislativo, entiéndase Morena, PT y PVEM, votarán y aprobarán a tres personas que ocuparán las consejerías vacantes en el Instituto Nacional Electoral. Es muy probable que estas personas serán muy cercanas a Morena, lo que concluye lo que desde hace varios años a anhelado el partido de la llamada transformación tener el control electoral del árbitro electoral.

Como se ha hecho costumbre en los procesos que realiza la 4T, donde la opacidad está presente y la imparcialidad deja muchas dudas.

La principal es, cuáles son los valores con los que se calificaron a cada aspirante inscrito para saber si eran idóneos o no a ocupar el cargo.

Otra duda es quienes redactaron las preguntas del examen escrito y si estas fueron lo suficientemente resguardadas para evitar filtración de ellas y sus respuestas. Porque es increíble que algunas personas que, sin tener alguna experiencia real sobre procesos electorales, más allá de participar como votante en los comicios lectorales que a lo largo de su vida se han realizado.

Ahora, quienes asuman la consejería se sumarán a los otros consejeros para hacer del INE un ente colonizado totalmente, donde posiblemente no habrá mucha resistencia a aceptar algunos resultados de los comicios del 2027 y 2030 en adelante.

Este nuevo INE. Ahora podría también nombrarse del bienestar, tendrá que calificar y en su caso sancionar los posibles adelantos de las campañas electorales de casi la mayoría de las fuerzas políticas, cubiertos con el argumento de actos internos y no electorales.

México con esto no avanza en su democracia, si no se queda en un punto donde los actos anticipados de campaña y la continuidad de las violaciones electorales está presente, violando con ello los principios de equidad de las contiendas electorales.

El INE como institución, podría perder ese respeto que aun los ciudadanos le tienen, como el árbitro electoral que confía en que su voto tenga el verdadero valor. La democracia del país da otro paso hacia atrás ante la incesante colonización del oficialismo actual para controlarla y manifestar que la democracia es la que emana del pueblo, en el poder y no de quienes verdaderamente lo representa

Es probable que ya no veremos un árbitro electoral con posturas contrarias al régimen actual, sino uno más dócil y dúctil.